Dios me sostuvo cuando todo se derrumbó

Mi historia no comenzó en un estudio, una cámara o una plataforma digital.

Comenzó en medio de pérdidas, incertidumbre y momentos donde sentí que todo se derrumbaba.

En el año 2007 tomé una decisión que cambió mi vida: dejé mi carrera universitaria en medicina porque mi sueño era salir de Cuba.

En ese momento creía que el dinero, el éxito y demostrarle al mundo que “lo había logrado” me darían felicidad. Pero mientras más perseguía eso, más vacía me sentía por dentro.

Poco tiempo después, mi mamá fue a prisión y tuve que asumir la responsabilidad de mis hermanos.

Mi mundo se derrumbó.

Todo lo que antes parecía importante dejó de tener sentido.

Busqué respuestas en muchos lugares.

Busqué ayuda, dirección y paz… pero nada llenaba el vacío que sentía.

Hasta que un día hice algo diferente:

hablé con Dios.

Sin fórmulas.
Sin intermediarios.
Solo desde el corazón.

Y fue ahí donde todo empezó a cambiar.

Comencé a sentir una fuerza que no venía de mí. Dios empezó a sostenerme, a abrir caminos y a poner personas correctas en mi vida.

En medio de ese proceso conocí a mi esposo, quien me ayudó a cambiar mi manera de ver la vida.

Juntos comenzamos a prepararnos, a trabajar y a construir un futuro diferente.

Después de siete años, Dios nos dio una oportunidad única: logramos salir de Cuba juntos.

Atravesamos 11 países en 30 días, cruzando selvas, ríos y caminos peligrosos donde arriesgamos la vida muchas veces.

Estuvimos cara a cara con la muerte, y fue en esa travesía donde descubrí algo que transformó mi vida para siempre:

Dios había puesto poder en nuestra palabra.

En muchos de esos momentos extremos, fueron la fe, la oración y las palabras que declaramos con autoridad las que nos salvaron la vida.

Cuando llegamos a Canadá tuvimos que empezar desde cero. No teníamos estabilidad, no teníamos un lugar donde dormir y no sabíamos cómo comenzar nuevamente. Pero ya habíamos conocido el poder de Dios, y esa fe nos permitió seguir adelante hasta convertirnos en vencedores.

Hoy, nuestro propósito es ayudarte a recordar que todo es posible para el que tiene fe.

No importa cuán oscuro sea el momento que estés viviendo, Dios sigue abriendo caminos donde parece que no los hay.

Y si hoy estás perdiendo la esperanza, quiero recordarte esto:

“Todo es posible para el que cree.”


— (Marcos 9:23)

Hoy tengo una familia, una vida con propósito y una misión clara:
ayudarte a descubrir el poder que Dios puso en tu fe, en tu mente y en las palabras que declaras sobre tu vida, para que puedas transformar tu realidad y caminar hacia la vida que Dios creó para ti.

Si mi historia resonó contigo, no es casualidad.

Dios usa los testimonios para despertar la fe, traer esperanza y recordarnos que ningún proceso es en vano.

Si llegaste hasta aquí, quizás no fue casualidad. Tal vez hoy Dios quiere recordarte que incluso en los momentos más oscuros, Él sigue abriendo caminos, levantando vidas y haciendo posible lo que parecía imposible.

Mi testimonio no es la historia de una vida perfecta. Es la prueba de que la fe, la oración y el poder de la palabra pueden sostenerte aun en los momentos más difíciles.

Y si Dios pudo transformar mi vida, también puede transformar la tuya.